Somos lo que comemos

        ¿Sabemos realmente lo que comemos?

     Por desgracia la alimentación es nuestra ”Gran Desconocida”.  En general, se carecen de conocimientos e información acerca de llevar una dieta saludable. Hemos perdido ese instinto que nos guiaba (qué siguen poseyendo los animales) y nos hacía saber qué necesitábamos en cada momento. Ahora de esto se encargan las grandes industrias alimenticias, que a través de sus espectaculares campañas publicitarias, nos dicen lo que debemos tomar, lo que es sano, natural, etc. Y nosotros nos limitamos a seguir las pautas, de unas industrias cuyo único fin es el de aumentar sus beneficios cada año.

      Sin embargo, es importante saber que ¡SOMOS LO QUE COMEMOS!

       Que nuestro cuerpo se construye y/o repara con lo que comemos cada día, desayuno, almuerzo y cena, y esto va a determinar cómo vamos a encontrarnos en el futuro. Destacamos aquí la importancia de la alimentación en los niños, ya que a través de esta estamos determinando la salud del futuro adulto.

      La alimentación, por tanto, es la formadora de nuestro plasma, de nuestra sangre, de nuestros tejidos (huesos, músculos, órganos, etc.), de nuestras emociones y de nuestros pensamientos, y por tanto de la calidad de todos estos. Así, los materiales que renuevan nuestras células y nuestros tejidos se obtienen de lo que comemos cada día. Y es interesante saber que renovamos nuestra linfa cada 10 días, nuestra sangre se renueva al completo entre 2 y 4 meses, la musculatura exterior entre 8 y 18 meses, y así hasta casi poder decir que “volvemos a nacer”, desde un punto de vista biológico, aproximadamente cada 7 años. Por lo que si llevamos una alimentación limpia, tenemos la oportunidad de ir depurando tóxicos de nuestro organismo y a la vez renovándolo de forma saludable.

      La alimentación es además uno de los factores que más influyen en el equilibrio de la flora o microbiota intestinal. La microbiota actúa sobre lo que comemos, al mismo tiempo que lo que comemos afecta a la composición de ésta. Por tanto, la dieta que llevemos va a determinar qué tipo de flora vamos a tener.

      ¿Y qué importancia tiene esto?

      Pues la tiene y mucho, ya que nuestra microbiota influye en nuestro sistema inmunitario y determina en parte la respuesta de este. De forma que si la flora está desequilibrada, la respuesta del sistema defensivo puede que no sea la más apropiada o efectiva.

      Dado que sabemos que la alimentación afecta a la microbiota, y la microbiota al sistema inmunitario, la idea de que lo que comemos influye en parte en nuestro sistema inmune, cada vez está teniendo más peso, es decir, que generalmente en función de la alimentación que llevemos, así nos encontraremos.